En el año 2003, la licenciatura de Matemáticas de la Universidad de Santiago (USC) arrancaba con apenas una treintena de alumnos en sus aulas de primer año. En el curso 2015-2016 el centro registraba ya 447 solicitudes de nuevo ingreso y en el presente año académico fueron 668 los estudiantes que marcaron la titulación en sus formularios de preinscripción (más de 200 de ellos como primera opción).

Los estudios matemáticos, apunta la decana del centro compostelano, Elena López Cendón, encadenan años de demanda creciente propiciada en parte por las expectativas de colocación en un mundo laboral en el que la eficacia en la explotación de ingentes cantidades de datos adquiere una importancia creciente. Pero no solo. Competencias tradicionalmente matemáticas como la capacidad de análisis y la resolución de problemas, indica la profesora de Matemática Aplicada, son aptitudes cotizadas que el mundo de la empresa empieza a asociar a perfiles matemáticos a medida que estos profesionales van haciéndose hueco en las organizaciones.

Con el fin de corroborar el nivel real de inserción de sus titulados, el equipo de gobierno de la facultad ha promovido una encuesta pormenorizada sobre la situación laboral de sus titulados y su nivel de satisfacción con la formación obtenida en el centro. El estudio, financiado con cargo al Plan de Acción Matemáticas 2017-2019, ha confirmado las expectativas más optimistas registrando un nivel de desempleo nunca mayor al 4% (el porcentaje oscila entre el 0% de los doctorados y el 4% de los egresados de máster, con un 2,7% en el caso de los titulados de máster).

 

 

La investigación constata así altos niveles de ocupación, alcanzando el 100% entre las personas que han completado el doctorado en Matemáticas, superando el 80% entre los titulados de máster —en la facultad de la USC se imparten los de Técnicas Estadísticas, Matemáticas y Matemática Industrial, aunque en la investigación también se incluyen los titulados del grado que están cursando el máster de profesorado— y rozando el 50% (49,7%) entre los titulados de grado, un colectivo de más corta edad (23,8 años de media) en el que todavía un 34,8% opta por continuar estudiando y otro 11,9% se decanta por preparar oposiciones.

Junto al elevado nivel de inserción, otros tres indicadores apoyan la solidez de los estudios: la rapidez con la que los alumnos acceden al empleo (entre los titulados de grado el 41% encuentra el primer empleo relacionado con su formación en un plazo máximo de un mes), el nivel retributivo (con un 53% de los graduados por encima de los 1.500 euros) y la estabilidad de los puestos, y la proximidad geográfica de la colocación: el 57% de los egresados de grado ejerce en Galicia y el 38% en España con una satisfacción añadida, destaca Vázquez Cendón, al comprobar que a mayor nivel de estudios, mayor porcentaje de empleados en la Comunidad: un 80% en el caso del máster y un 72% entre los alumnos de doctorado.

La docencia y la investigación constituyen los principales sectores de ocupación para los titulados matemáticos. Dentro de la empresa privada, todavía minoritaria, son las consultoras y las firmas financieras las que ocupan a un mayor volumen de egresados, fundamentalmente como analistas de datos y programadores.

 

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La verdad es que por mucho que nos disguste las matemáticas nos acompañan en muchos momentos de nuestra vida, desde el crecimiento de una flor hasta la explosión de un motor, pasando por el diseño de una bóveda o una escalera de caracol.

Uno de los puntos más icónicos y fotografiados de los Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano) es la escalera de Bramante, que a través de una doble hélice enrollada hacia la derecha produce un efecto infinito. En realidad no es una única escalera, son dos enroscadas, una para bajar y otra para subir. La doble hélice está inscrita en un tronco de cono, invertido y de base elíptica u ovalada.

La escalera original –scala de Bramante- fue diseñada en el siglo XVI por el artista Donato d`Angelo Bramante (1444-1514) no está abierta al público y se encuentra en el Museo Pio-Clementino.

La actual, la que utilizan los miles de visitantes para salir del recinto, no ha cumplido cien años. Fue diseñada en 1932 por el arquitecto e ingeniero italiano Giuseppe Momo (1875-1940) a semejanza de la renacentista.

Igual de bonita y majestuosa es la escalera de caracol, de trescientos siete escalones, que lleva hasta la terraza previa a la linterna del faro de Eckmühl, en Penmarch, en el Finisterre francés. Este faro fue construido con todo lujo de materiales gracias a las donaciones que realizó la marquesa Adelaide Lousie de Eckmühl, hija de uno de los generales de los ejércitos napoleónicos.

 

 

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En la carrera educativa de toda persona de ciencias hay unos pocos nombres propios que parecen surgir curso tras curso. Pero sobre los de Newton, Galileo o Einstein, hay otro que probablemente los vence a todos como el primero en aparecer: una vez que los niños dominan las cuatro operaciones aritméticas básicas, su aproximación a la lógica comienza con la teoría de conjuntos y sus diagramas de Venn. Pero éstos no son sino un caso particular de los inventados por un matemático cuyo nombre designa constantes, funciones, ecuaciones, leyes, teoremas y casi cualquier otro tipo de entidad matemática: Euler.

El suizo Leonhard Euler (15 de abril de 1707 – 18 de septiembre de 1783) fue uno de los mayores superhombres intelectuales de la historia de la humanidad. Las cifras sirven como presentación de sus increíbles superpoderes mentales: a lo largo de sus 76 años de vida publicó más de 800 trabajos, sumando un total de unas 30.000 páginas. Se ha estimado que casi la tercera parte de toda la ciencia y la matemática escrita en el siglo XVIII lleva su firma. Tras su fallecimiento, su obituario requirió 56 páginas para enumerar todas sus publicaciones.

Pero incluso las cifras se quedan cortas para describir una mente prodigiosa cuyo talento se manifiesta en algunas anécdotas; quizá la más conocida sea que era capaz de recitar La Eneida de Virgilio de principio a fin, detallando en qué línea empezaba y terminaba cada página de la edición que poseía.

 

 

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La unión de historiadores, matemáticos, informáticos y físicos ha permitido reconstruir las rutas comerciales del antiguo imperio romano, una investigación que ha encabezado la Universidad de Barcelona.

La investigación se ha llevado a cabo en el marco del proyecto europeo que lidera el catedrático de la UB José Remesal y que ha permitido constatar que el comercio a escala continental, entre las diferentes provincias romanas, tenía “flujos importantes” y que “el Atlántico era la ruta principal para transportar aceite, las conservas de pescado y el vino producidos en la península Ibérica (provincias Bética y Tarraconense) hasta el norte de Europa.

Esta propuesta de Remesal, publicada en la revista Journal of Archaeological Science, se contrapone a las teorías que hasta ahora priorizaban la importancia del valle del Ródano como vía comercial.

Remesal ha explicado en la presentación que “el viaje por el Ródano tardaba unos 200 días en llegar a Germania, mientras que la vía atlántica desde la Bética hasta la desembocadura del Rin tardaba unos 22 días, y luego se tardaban otros 22 días en transporte fluvial hasta Maguncia”.

 

 

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En una visita a cualquier lugar (y también a una ciudad diferente de la nuestra, por trabajo o por turismo) podemos observar muchas cosas, en general las que nos interesan. Se supone que la educación matemática, que todos los ciudadanos españoles han recibido durante todos los años de la educación obligatoria, nos prepara para percibir las matemáticas que hay en las diferentes manifestaciones de la vida, en particular en las ciudades. Pero para eso hay que mirar con ojos matemáticos, que consisten en mirar para distinguir, no solo pero también, las matemáticas de la realidad. Una ciudad como Praga (destino turístico frecuente, demasiado incluso, dado las aglomeraciones que genera) me gustaría destacar dos aspectos relacionados con las matemáticas: el cubismo checo y a Kepler.

 

 

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