La verdad es que por mucho que nos disguste las matemáticas nos acompañan en muchos momentos de nuestra vida, desde el crecimiento de una flor hasta la explosión de un motor, pasando por el diseño de una bóveda o una escalera de caracol.

Uno de los puntos más icónicos y fotografiados de los Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano) es la escalera de Bramante, que a través de una doble hélice enrollada hacia la derecha produce un efecto infinito. En realidad no es una única escalera, son dos enroscadas, una para bajar y otra para subir. La doble hélice está inscrita en un tronco de cono, invertido y de base elíptica u ovalada.

La escalera original –scala de Bramante- fue diseñada en el siglo XVI por el artista Donato d`Angelo Bramante (1444-1514) no está abierta al público y se encuentra en el Museo Pio-Clementino.

La actual, la que utilizan los miles de visitantes para salir del recinto, no ha cumplido cien años. Fue diseñada en 1932 por el arquitecto e ingeniero italiano Giuseppe Momo (1875-1940) a semejanza de la renacentista.

Igual de bonita y majestuosa es la escalera de caracol, de trescientos siete escalones, que lleva hasta la terraza previa a la linterna del faro de Eckmühl, en Penmarch, en el Finisterre francés. Este faro fue construido con todo lujo de materiales gracias a las donaciones que realizó la marquesa Adelaide Lousie de Eckmühl, hija de uno de los generales de los ejércitos napoleónicos.

 

 

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