La belleza de un edificio está en la mutua relación de todas sus partes y esa relación es armonía, proporción y canon, es decir, adecuación a una medida que gravita sobre el número. (San Agustín)
Hacia el año 1000, Ibn Al-Haytam escribió que la belleza es una propiedad divina fruto de la proporción y de la armonía. Dos características que podemos encontrar en la pequeña capilla de San Miguel de Celanova, en cuyo dintel figura la frase: «A ti, Dios, te creemos el autor de esta obra».
El investigador Roberto Vázquez Rozas, de la Universidad de Vigo, sostiene que esa afirmación sólo se puede entender si los promotores de esta joya siguieron con detalle las teorías estéticas de la época. Dice Vázquez que a Celanova llegó el conocimiento del Almagesto de Ptolomeo y la geometría de Euclides, que ya se conocían en la Córdoba del siglo X. Y tal sabiduría debió llegar, añade, «por algún especialista musulmán o de algún mozárabe andalusí»
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