En la carrera educativa de toda persona de ciencias hay unos pocos nombres propios que parecen surgir curso tras curso. Pero sobre los de Newton, Galileo o Einstein, hay otro que probablemente los vence a todos como el primero en aparecer: una vez que los niños dominan las cuatro operaciones aritméticas básicas, su aproximación a la lógica comienza con la teoría de conjuntos y sus diagramas de Venn. Pero éstos no son sino un caso particular de los inventados por un matemático cuyo nombre designa constantes, funciones, ecuaciones, leyes, teoremas y casi cualquier otro tipo de entidad matemática: Euler.
El suizo Leonhard Euler (15 de abril de 1707 – 18 de septiembre de 1783) fue uno de los mayores superhombres intelectuales de la historia de la humanidad. Las cifras sirven como presentación de sus increíbles superpoderes mentales: a lo largo de sus 76 años de vida publicó más de 800 trabajos, sumando un total de unas 30.000 páginas. Se ha estimado que casi la tercera parte de toda la ciencia y la matemática escrita en el siglo XVIII lleva su firma. Tras su fallecimiento, su obituario requirió 56 páginas para enumerar todas sus publicaciones.
Pero incluso las cifras se quedan cortas para describir una mente prodigiosa cuyo talento se manifiesta en algunas anécdotas; quizá la más conocida sea que era capaz de recitar La Eneida de Virgilio de principio a fin, detallando en qué línea empezaba y terminaba cada página de la edición que poseía.